CSIC Comunicación
The turbot: the first vertebrate to be sequenced in Spain
updated
Alberto Veses Roda.
José María Fraile Dolado
Roman Nevshupa Kasatkin
María E. Eugenio Martín, David Ibarra Trejo, Raquel Martín-Sampedro.
Felipe Aguado Jiménez y Nacho Martín Montero.
Paula Madejón Rodríguez.
La iniciativa, desarrollada con amplia participación interna, busca reducir el impacto ambiental, mejorar la eficiencia organizacional, y fomentar una cultura de sostenibilidad.
La presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, ha destacado que se trata del “primer esfuerzo por abordar integralmente la sostenibilidad en la mayor institución científica de España”. Además, ha detallado que el documento ha sido elaborado de manera participativa y multidisciplinarmente.
En el acto de presentación del plan, celebrado en la sede central del Consejo en Madrid, también ha intervenido el vicepresidente de Organización y Relaciones Institucionales del CSIC, Carlos Closa. Además, se ha celebrado la mesa redonda ‘La sostenibilidad de los organismos de investigación científica’, que ha contado con la participación de Santiago Giralt, miembro del Comité de Sostenibilidad del CSIC y director del Instituto de Geociencias de Barcelona (GEO3BCN - CSIC); Laura Barrios, miembro del Comité de Sostenibilidad del CSIC y jefa de área de Informática Científica del CSIC; Javier Peña, fundador del canal de divulgación Hope!; y Elena Pita, directora de la Oficina Española del Cambio Climático (OECC); así como con la divulgadora científica Isabel Moreno como moderadora.
Actuaciones en cuatro ejes de sostenibilidad
El Plan de Sostenibilidad se organiza en torno a cuatro ejes estratégicos y 10 líneas de actuación con 32 acciones monitorizadas, y utiliza incentivos para promover su cumplimiento.
El primero de los ejes que vertebran el plan se centra en el consumo responsable y eficiente de energía y agua. El CSIC implementará medidas para mejorar la eficiencia energética de sus inmuebles, con la incorporación de energías renovables, la optimización de sistemas de climatización e iluminación, y la gestión eficiente del agua.
El segundo eje aborda la movilidad sostenible. El plan promueve el cálculo de la huella ecológica asociada a los desplazamientos del personal del CSIC. Se fomenta la creación de planes de movilidad específicos y se busca optimizar los viajes de servicio.
La sostenibilidad social, demográfica e igualitaria constituyen el tercero de los ejes, que busca promover la diversidad, la igualdad de oportunidades y la conciliación laboral y familiar. El CSIC se compromete a mejorar la accesibilidad de sus instalaciones para personas con discapacidad.
El cuarto y último eje aborda la cultura de la sostenibilidad y buena gobernanza para una economía circular. En este ámbito, el CSIC tratará de impulsar la contratación pública sostenible, la alimentación saludable y responsable, el reciclaje de residuos y la sensibilización del personal de la institución sobre la importancia de la sostenibilidad.
Con este plan, el CSIC se compromete a alinear sus esfuerzos de investigación, gestión y organización hacia la sostenibilidad ambiental, social y económica de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.
La iniciativa, desarrollada con amplia participación interna, busca reducir el impacto ambiental, mejorar la eficiencia organizacional, y fomentar una cultura de sostenibilidad.
Actuaciones en cuatro ejes de sostenibilidad
El Plan de Sostenibilidad se organiza en torno a cuatro ejes estratégicos y 10 líneas de actuación con 32 acciones monitorizadas, y utiliza incentivos para promover su cumplimiento.
El primero de los ejes que vertebran el plan se centra en el consumo responsable y eficiente de energía y agua. El CSIC implementará medidas para mejorar la eficiencia energética de sus inmuebles, con la incorporación de energías renovables, la optimización de sistemas de climatización e iluminación, y la gestión eficiente del agua.
El segundo eje aborda la movilidad sostenible. El plan promueve el cálculo de la huella ecológica asociada a los desplazamientos del personal del CSIC. Se fomenta la creación de planes de movilidad específicos y se busca optimizar los viajes de servicio.
La sostenibilidad social, demográfica e igualitaria constituyen el tercero de los ejes, que busca promover la diversidad, la igualdad de oportunidades y la conciliación laboral y familiar. El CSIC se compromete a mejorar la accesibilidad de sus instalaciones para personas con discapacidad.
El cuarto y último eje aborda la cultura de la sostenibilidad y buena gobernanza para una economía circular. En este ámbito, el CSIC tratará de impulsar la contratación pública sostenible, la alimentación saludable y responsable, el reciclaje de residuos y la sensibilización del personal de la institución sobre la importancia de la sostenibilidad.
Con este plan, el CSIC se compromete a alinear sus esfuerzos de investigación, gestión y organización hacia la sostenibilidad ambiental, social y económica de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.
Plan de Sostenibilidad del CSIC en PDF: csic.es/sites/default/files/2025-02/plan_sostenibilidad_CSIC_24-26_0.pdf
En octubre de 2025, la EMA (European Medicines Agency) designó al medicamento AP-2 desarrollado por el Grupo de Química Médica y Biológica Traslacional que dirigen Ana Martínez y Carmen Gil en el CIB-CSIC como medicamento huérfano. Esta designación, concedida a tratamientos destinados a enfermedades raras o con escasa rentabilidad comercial, supuso la validación de su potencial terapéutico y el impulso decisivo para el desarrollo clínico.
Ahora, tras la autorización de la AEMPS, comenzará la Fase I del ensayo clínico con su administración a 70 voluntarios sanos para evaluar su seguridad y farmacocinética, es decir, cómo se absorbe, distribuye, metaboliza y elimina el fármaco en el organismo. Tras esta primera fase, que se desarrollará a partir del mes de abril en la Unidad de Ensayos Clínicos del Hospital Universitario de La Princesa en Madrid, se espera progresar a la Fase Ib, que consistiría en seguir evaluando la seguridad del compuesto para descartar posibles efectos tóxicos, ya en pacientes de ELA.
El fármaco AP-2 pretende restaurar la función de TDP-43, una proteína patológicamente alterada en los pacientes de ELA que provoca la muerte de las motoneuronas (células del sistema nervioso encargadas de transmitir señales desde el cerebro o la médula espinal hasta los músculos) y, consiguientemente, el avance de la enfermedad. El fármaco AP-2 ha logrado revertir la anomalía de TDP43, restaurando así su equilibrio natural, tanto en modelos celulares como en animales transgénicos.
Aunque se trata de una enfermedad que todavía plantea muchas preguntas, existe una característica común: "En más del 97 % de los pacientes se observan acumulaciones anómalas de la proteína TDP-43, que sale del núcleo de las células hacia el citoplasma. Una vez allí sufre modificaciones, se rompe y se fosforila, proceso que le lleva a formar agregados tóxicos”, explica la investigadora del CIB-CSIC Ana Martínez. El objetivo del fármaco, que se presenta en cápsulas, es que la proteína TDP-43 regrese al núcleo de las células y recupere su cometido celular.
Para ello, el equipo investigador diseñó una molécula que bloquea la quinasa CK1, una enzima que modifica la proteína TDP-43 mediante un proceso llamado fosforilación. “En pruebas en modelos celulares, observamos como TDP-43 tendía a recuperarse, podía volver al núcleo y recuperar su función. Además, en modelos animales modificados genéticamente para expresar la proteína TDP-43 también obtuvimos resultados prometedores. Aunque todavía es pronto, si se reprodujeran estos datos, el fármaco podría ralentizar la enfermedad, e hipotéticamente frenarla”, destaca Carmen Gil.
El ensayo clínico está financiado por la empresa biotecnológica Molefy Pharma, un spin off del CSIC participada mayoritariamente por el grupo Arquimea.
ELA, una enfermedad sin tratamiento
La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa que provoca la muerte progresiva de las motoneuronas, causando la pérdida de movimiento en los músculos y, por tanto, la capacidad del paciente de moverse, hablar, comer, e incluso respirar. A día de hoy, esta enfermedad considerada rara no tiene cura y la esperanza de vida desde su diagnóstico se encuentra entre los cinco y seis años. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), entre 4.000 y 4.500 personas padecen esta enfermedad en España y cada año se diagnostican entre 900 y 1.000 nuevos casos.
Para el tratamiento de la ELA esporádica (la forma más común de la enfermedad, causante de en torno al 90% de los casos) solo existe un fármaco aprobado en Europa, el riluzol, un medicamento paliativo que mejora la sintomatología y alarga la esperanza de vida ente tres y seis meses. Por ello, el inicio del ensayo clínico de AP-2 supone un avance en la investigación y un hito relevante en la búsqueda de una cura definitiva.
El trabajo del ICMAN-CSIC ha permitido desarrollar la primera base de datos hiperespectral en abierto de las floraciones de este tipo de algas para monitorizar su evolución.
Un estudio liderado por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC), con participación de la Universidad de Cádiz y la Universidad del País Vasco, revela que las floraciones de algas rojas en la Antártida, conocidas como blooms, son mucho más extensas de lo previsto. Los resultados publicados en la revista Communications Earth & Environment indican que estas algas, que cubren más del 10% de áreas como el archipiélago de las Islas Shetland del Sur, aceleran el deshielo al reducir la capacidad de la superficie para reflejar la radiación solar.
Las algas rojas son el nombre genérico que reciben ciertas especies de microalgas que, aunque permanecen dormidas durante el invierno austral (de abril a octubre), su crecimiento durante el verano antártico (de diciembre a febrero) otorga a la nieve un ligero color rojizo, dando lugar al fenómeno conocido como “nieve rosa”.
El nuevo trabajo demuestra la amplia extensión de las proliferaciones de estas algas en la Antártida. En concreto, el estudio se ha centrado en analizar su crecimiento en las islas Shetland del Sur, un archipiélago antártico, situado a unos 120 km del continente helado, clave para la investigación polar, ya que acoge las bases antárticas españolas Gabriel de Castilla (isla Decepción) y Juan Carlos I (isla Livingston). Los resultados muestran que, durante el verano austral, estas microalgas pueden ocupar entre el 3% y el 12% de cada isla; lo que corresponde a una superficie máxima de 176 km2, una extensión mucho mayor de la documentada hasta la fecha. El equipo investigador ha registrado el fenómeno tanto en glaciares como en nieves costeras y casquetes polares.
“Las algas rojas sobre la nieve contribuyen a reducir el albedo superficial (la capacidad de la superficie para reflejar la radiación solar) hasta en un 20 %, lo que favorece la absorción de calor, acelerando el deshielo de nieve y hielo. Este proceso genera un preocupante bucle de retroalimentación positiva en un contexto de cambio climático, ya que el aumento del deshielo crea condiciones aún más favorables para la proliferación de estas algas”, explica Alejandro Román, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN) y primer autor del trabajo.
El estudio, que abarca un periodo de seis años (2018-2024), detecta además una tendencia al alza en la presencia de estas microalgas: “Vemos que cada año ocupan una mayor superficie y que, además, su presencia se prolonga durante más tiempo dentro del verano austral”, describe Román. Al mismo tiempo, el investigador recalca la necesidad de realizar más estudios y considerar series temporales más amplias para confirmar estas observaciones.
Drones, satélites e inteligencia artificial
El estudio combina de forma innovadora datos de teledetección por satélite (Sentinel-2) con información captada por un sensor hiperespectral operado desde un dron, que permite observar cómo el alga roja refleja, absorbe o emite radiación electromagnética a través de diferentes longitudes de onda. Esto ha permitido crear la primera base de datos hiperespectral de estas floraciones masivas de algas rojas en la Antártida, disponible en acceso abierto para toda la comunidad científica. “Estos datos son clave para identificar y clasificar esta clase de cobertura terrestre en imágenes de teledetección”, aclara Román.
A partir de esta información, el equipo aplicó técnicas de aprendizaje automático (machine learning) a través del análisis supervisado para identificar y cartografiar la distribución espacial de las algas rojas en 45 imágenes satelitales libres de nubes, que cubrieron todo el archipiélago de las islas Shetland del Sur. “Este enfoque nos ha permitido evaluar la extensión real de los blooms a gran escala, algo que hasta ahora no había sido posible con este nivel de detalle. Nuestros resultados muestran que estas proliferaciones no son fenómenos locales aislados, sino procesos extendidos que podrían tener un impacto significativo en el balance energético y dinámicas de deshielo en las zonas costeras antárticas”, concluye.


